El aire libre es una herramienta fundamental que facilita el aprendizaje y forma parte esencial del proceso educativo. Aprender al aire libre, observar y sentir directamente la naturaleza, permite comprender sus fenómenos de manera profunda y da sentido a lo aprendido. Esta experiencia complementa la educación formal y fortalece la conexión con las enseñanzas y descubrimientos que se desarrollan dentro de un salón Montessori.
Los conceptos de ecología, cuidado del medio ambiente, reutilización, reciclaje, reducción de desechos y otros temas relacionados con la preservación de los recursos naturales, la flora y la fauna de nuestro planeta, solo pueden ser realmente comprendidos por los niños a través de una experiencia directa con su entorno. Por eso, realizamos cada semana experiencias al aire libre en el Jardín Botánico de Viña del Mar, con el propósito de conectar a los niños y niñas con la naturaleza, su belleza y la riqueza de los seres vivos que la habitan. Buscamos que aprendan a convivir con ellos, conocerlos y respetarlos.
Esa conexión profunda, traducida en una futura sensibilidad medioambiental, puede definirse como el afecto genuino que surge de la unión emocional entre el ser humano y la naturaleza.
Podemos resumir los beneficios del aprendizaje en la naturaleza en estos cinco puntos:
Mejora la salud física y mental
Los desniveles e irregularidades en los terrenos naturales, o los árboles siempre disponibles para ser trepados, favorecen que los niños ejerciten sus músculos de formas diversas, mejorando su estado físico en general, el equilibrio, la fuerza, coordinación, etc. La salud ósea también mejora. Al estar expuestos de manera regular al Sol, absorben vitamina D, que no solo ayuda a la absorción de calcio, sino también a la producción de Serotonina, la cual mejora el estado de ánimo y la concentración.
En cuanto a la salud mental, el estar en entornos naturales, al aire libre y la luz solar, reduce los niveles de cortisol, es decir el estrés. La exposición al verde mejora la atención y reduce la fatiga mental.
Mejora el sistema inmunitario
Jugar en la naturaleza, explorar la tierra, el barro y participar en actividades de jardinería contribuye al fortalecimiento del sistema inmunológico de los niños. Algunos estudios sugieren que los niveles de alergias y asma se reducen cuando pasan al aire libre en contacto con la tierra.
Favorece la socialización
Los niños a través del juego libre en la naturaleza, interactúan y cooperan entre sí, ya que en espacios exteriores el juego suele ser menos estructurado y tienen que decidir a qué jugar, con quién, establecer las reglas del juego, la colaboración. Esto favorece que se dé de manera espontánea el trabajo en equipo. Estas interacciones favorecen además que se trabajen capacidades como la empatía, la autorregulación, la flexibilidad, etc… Propiciando así mejoras en las relaciones sociales.
Estimula la imaginación y la creatividad
En la naturaleza, no hay juguetes propiamente tal, sino diversos recursos naturales que el niño crea y le da la utilidad que él desea para su juego o trabajo. En la naturaleza encontrará diversos materiales naturales como palos, piedras, piñones, cortezas, hojas, pétalos, varillas,piñas, etc… Esto favorece que los niños tengan que encontrar qué hacer y a que jugar con ellos. Puede que al comienzo sientan aburrimiento, pero luego de un rato conectarán con algo que hayan pensado o imaginado y comenzarán a desarrollar un juego creativo. Hay que considerar el aburrimiento como un aliado para desarrollar la imaginación y creatividad.
Favorece la aventura y la independencia
La naturaleza es un espacio que permite que los niños puedan desarrollar al máximo sus habilidades y ponerlas a prueba. Favorece que lo exploren de manera independiente y que puedan decidir, en ocasiones, sobre el riesgo de lo que va a hacer y si es conveniente o no la actividad.











